domingo, 16 de abril de 2017

Runrún de fondo


Nacemos para ser runrún de fondo
en el ruido caótico del mundo.

Carne de bulo urgente
para usar y tirar,
preámbulo de olvido.

Solo los elegidos de los dioses
consiguen ser leyenda.

Los demás nos debemos
al lápiz inclementes de los otros,
que a mano alzada pintan
toscas caricaturas de perfiles
- tan  tópicos y típicos-
carentes de rigor o sutileza.

Antes de que la vida me enajene
mi existencia y dibuje
una mala parodia de mí misma,
concededme que  sea quién la invente.

Yo soy de verso  fácil.
 Me sobran resplandores
de espejos estrellados
y filos emergentes de rincones oscuros.

Me basto para urdir mi propia fábula.

Para dársela al aire
-si quiero-
y permitirle
que al mundo y su inclemente dictamen se la entregue.

Y hasta consentirle al tiempo deslizarse
sobre sus apariencias
y sin prisa y sin pausa la vaya atemperando.

Rumor de una verdad
que fue sangrante un día.

Que prestó su pasión para colorear
el instante de magia  e inconsciencia
en que aún florecían  sobre nuestros despojos
con liberalidad las amapolas.